26 nov. 2017

Japón II

Ocho años después de nuestra primera visita, ¡hemos vuelto a Japón! En esta ocasión, hemos disfrutado durante tres semanas del país del sol naciente: hemos callejeado sin prisas por nuestros barrios preferidos de Tokyo, hemos redescubierto Kyoto, hemos podido conocer el templo del maneki-neko en Gotokuji, Nara, Nikko, Kamakura, el festival anual de la gyoza en Utsunomiya y la inquietante Yokohama. Hemos caído rendidos ante la personalidad de Osaka, hemos paseado por la espiritual Koyasan y visitado los templos clave del Kumano Kodo.

Tokyo

Durante nuestros días en Tokyo hemos recorrido las zonas que más nos gustaron en nuestro anterior viaje y hemos sumado alguna más. Enumeramos a continuación los barrios que visitamos:
La tranquila zona de Yanaka, el parque Ueno y Ameya-yokocho (imprescindible, para nosotros, pasear por aquí de noche y cenar en uno de los cientos de locales que hay por la zona, unas calles que nos hicieron revivir el ambiente de las típicas calles llenas de vida del sudeste asiático).
Akasaka. Íbamos a visitar más adelante, en Kyoto, Fushimi Inari, pero sabíamos que cerca del hotel (zona Akasaka) teníamos otro caminito de toriis de esos que tanto nos gustan y para allá que nos fuimos, a visitar el santuario Hie Jinja.
Asakusa y Senso-ji, por supuesto. No solo Nakamise-dori, las calles de alrededor del templo son chulísimas (muy ambientadas, con tiendas de souvenirs y pastelerías irresistibles) las recorras de día o de noche, no importa. Fue en una de sus encantadoras tiendas donde nos hicimos con el maneki-neko que se vino con nosotros a casa.
En Shibuya, además de atravesar el famoso cruce y ver a Hachiko, hay que pasear por sus calles y alucinar con los neones y la cantidad de comercios que hay. Por cierto, aquí cenamos una noche en el restaurante Sagatam, muy buena recomendación de Lonely Planet.
Tsukiji. Fuimos a recorrer la zona de alrededor del mercado una mañana y, de paso, almorzamos unos riquísimos nigiris de atún para probar el que, según dicen, es el pescado más fresco de todo Japón. Desde aquí cogimos el metro y paramos en Omote-sando para llegar paseando a Harajuku pasando antes por los puestos del pequeño mercado agrícola de la UNU que abre el fin de semana. Ya en la zona de Harajuku, recorrimos el imponente parque Yoyogi, el santuario Meiji, la abarrotada Takesita dori, Cat Street y comimos, siguiendo la recomendación de la Lonely Planet, un ramen riquísimo en Kyushu Jangara.
Shinjuku. Si te gusta contemplar las ciudades desde las alturas, en Shinjuku se puede disfrutar de unas vistas magníficas de Tokyo sin pagar ni un yen desde el pido número 45 del Edificio del Gobierno Metropolitano.
Recomendación imprescindible, cenar en Omoide Yokocho y dejarse impregnar por su atmósfera especial.
Visita a Gotokuji. Una de las visitas que más hemos disfrutado fue nuestra escapada a Gotokuji para ver el templo donde, se cuenta, se originó la leyenda del maneki-neko. Cogimos el tren (línea Odakyu) desde Shinjuku y llegamos en 20 minutos a nuestra parada.
Odaiba. La visita empieza de una manera especial si cogemos (desde la estación de Shimbashi o de Shiodome) el Yurikamome, un tren sin conductor que nos lleva hasta la zona de la bahía. Aquí se puede ir a Tokyo Disneyland, ver una réplica de la estatua de la libertad, una noria espectacular, al gigantesco Gundam y unas preciosas vistas al anochecer de Tokyo.
Kagurakaza (parada Iidabasi). Habíamos leído que sus calles se han utilizado muchas veces como escenario de algunas series y películas, pero además de sus pintorescos callejones, nos encantó la calle Kagurazaka en sí, sus tiendas (en especial la tienda de souvenirs Noren) y sobre todo sus deliciosas pastelerías…
¿Qué amanece lloviendo? Pues planeamos visita al MOMAT (museo Nacional de Arte Moderno de Tokyo. Entrada 500 yenes) y comemos en Tokyo Ramen Street, en el sótano del lado Yaesu de la estación de Tokyo, para probar el tsukemen de Rokurinsha que tanto alaba el cocinero David Chang en uno de los capítulos de la serie documental The Mind of a Chef.
Algún que otro paseo por Akihabara, Ginza, Roppongi y por el barrio “hipster” de Shimo-Kitazawa (fuimos por la mañana y estaba bastante muerto, vimos que muchas tiendas abrían a las 11h y algunas otras incluso a las 18h, así que, si vais, os recomendamos que sea tarde) completaron nuestra visita a esta capital fascinante.

Yokohama. Desde la estación de Shibuya, con la línea Tokyu Toyoko, llegamos a Yokohama, una ciudad que hemos bautizado como inquietante y que nos ha sorprendido muy gratamente por su atmósfera, su marcada personalidad y su espectacular Chinatown. Paseamos por el muelle, recorremos la zona de antiguos tinglados (reconvertidos en tiendas y restaurantes actualmente) y acabamos disfrutando con los neones, aromas y sabores de Chinatown.
Conviene llegar hasta aquí desde la estación de Shibuya porque el tren de la línea TT que se coge en Shibuya se convierte, cuando llega a la parada de Yokohama, en la línea Minato Mirai de metro, la que necesitamos para llegar a las atracciones principales de la zona.

Kyoto
Cogemos el Hikari desde la estación de Tokyo y en menos de 3 horas llegamos a Kyoto. En este viaje hemos descubierto un Kyoto diferente al de nuestra primera vez: igual de bonito pero repleto de grupos de turistas…
El primer día comimos okonomiyaki (casualmente fuimos a parar con el mismo lugar en el que ocho años atrás probamos este típico plato japonés), recorrimos la zona norte de Higashiyama (templo de Nanzen-ji, el pequeño templo de Otoyo, el sendero de la filosofía, Honen-in, Ginkaku-ji…) y terminamos la noche en Gion, recorriendo maravillados sus bonitas calles. Para cenar, los locales de los alrededores de la avenida Shijo-dori son una muy buena opción.
Pontocho es otra de las maravillas con que sorprende Kyoto. De noche es mágica pero de día se recorre de una manera mucho más tranquila sin tanta gente.
Un apunte más, en la estación hay un local de Musashi, una popular cadena de sushi giratorio con relación calidad-precio muy buena.
La zona sur de Higashiyama es otra de las joyas de la ciudad: Kiyomizu-dera, la pagoda de Yasaka, las calles Ninen-zaka y Sannen-zaka… Un paseo espectacular.
Otro atractivo que no hay que perderse, sobre todo si eres una amante de los mercados como nosotros: el mercado de Nishiki.
Una excursión imprescindible que se debe hacer desde Kyoto es la de Fushimi Inari. Se llega en poco más de 10 minutos. Es recomendable madrugar: la atmósfera especial que se respira al recorrer los caminos a través de las miles de toriis que hay en Fushimi se siente si se recorre tranquilamente evitando las multitudes que los visitan a diario a partir de primera hora de la mañana.
Desde la estación de Kyoto fuimos a visitar también la zona de Arashiyama y su famoso bambusal, una excursión, bajo nuestro punto de vista, prescindible, aunque tal vez si se madruga y se va pronto evitando las multitudes la sensación sea diferente.
Siguiendo la recomendación de la Lonely Planet, buscamos la pastelería Tsukimochiya Naomasa, regentada por un matrimonio adorable, donde compramos un mochi riquísimo.
Nuestra estancia en Kyoto coincidía con la exposición “My soul forever” de Yayoi Kusama en el FMOCA, Forever Museum of Contemporary Art en Gion, así que aprovechamos para verla.

Nara
Llegamos desde la estación de Kyoto con el Rail Pass en una hora de trayecto. Desde la estación de Nara a la zona de templos se llega en 20 minutos caminando. Nara es una visita preciosa que disfrutamos mucho, una zona salpicada de templos en la que, a lo largo de bastantes tramos, te acompañan curiosos grupos de ciervos que campan a sus anchas por la zona.

Osaka
Llegamos a Osaka en media hora en tren desde Kyoto. Como llovía, nuestra primera visita fue a cubierto: fuimos al mercado de Kuromon, ambientadísimo por cierto (al menos en esta lluviosa mañana de domingo).
Por la tarde recorremos America Mura y Dotonbori, otro mundo. Es la calle más alucinante en la que hemos estado nunca: neones, un sinfín de locales para comer (takoyaki entre otras especialidades), carteles luminosos espectaculares, el inquietante tamborilero loco, rótulos con forma de pez globo, cangrejo o pulpo gigantes… Un conjunto de estímulos constantes que nos dejaron con la boca abierta. No recordamos las veces que la recorrimos (también la paralela para ver el canal y el famoso luminoso de Glicoman y a los jóvenes disfrazados, puesto que nuestra visita coincidió con el fin de semana de Halloween).
En Osaka nos acercamos a la zona de Tempozan (de la bahía), de Namba (visitamos el templo Namba Yasaka famoso por su Shishibutaicon) y de Shinsekai con su torre Tsutenkaku, sus rótulos exagerados y su ambiente retro especial.

Koyasan
Desde la estación de Namba cogimos el tren hasta Hashimoto para pasar la noche en Koyasan. Lo habitual es ir a la estación de Gokurakubashi pero, debido a los destrozos ocasionados por un tifón, no pudimos tomar esa vía, sino que tuvimos que llegar a Koyasan desde Hashimoto en autobús. Desde la estación de Koyasan otro autobús nos llevó al pueblo y bajamos en la última parada, la que quedaba más cercana a nuestro albergue.
En Koyasan lo habitual es alojarse en un templo (shukubo), pero nosotros preferimos probar la experiencia de dormir en una habitación cápsula en el moderno albergue Kokuu (un punto extra, además del precio, son lo buenos que estuvieron tanto la cena como el desayuno y su ubicación junto a una de las entradas al cementerio de Okunoin, uno de los puntos más espirituales de Japón). El trayecto desde que salimos de Osaka hasta el hostel ha sido de tres horas; mucha gente viene a Koyasan como excursión de un día, nosotros escogimos pasar una noche para verlo todo tranquilamente y apreciar el contraste de recorrer el cementerio de día y de noche, parece un lugar diferente…
A las 12h empezamos nuestra ruta: Okunoin, Gobyo, Kongobu-ji (la residencia del abad de Koyasan), Danjo Garan y la puerta Dai-mon. Desde este último punto iniciamos un trekking chulísimo al monte Benten-dake que nos hizo ganarnos la cena (una senda con alguna torii en el camino y la oportunidad de, según dicen, ver algún oso, aunque nosotros lo máximo que vimos fue una cabra, un tanto extraña, pero una cabra).
De noche volvimos a recorrer el cementerio entre faroles de piedra encendidos y un silencio absoluto.
Para visitar Koyasan existe un pase, el Koyasan World Heritage Ticket (2160 yenes) que incluye el trayecto de ida y vuelta desde Osaka hasta Koyasan, descuentos en las entradas de algún museo y alguna tienda y trayectos ilimitados en autobús una vez llegamos a Koyasan. Económicamente no estamos seguros de si supone algo de descuento (nosotros no volvimos a utilizar el autobús más que para ir y volver a la estación de Koyasan por ejemplo), pero es cómodo para llegar y moverse por allí.

Kumano Kodo
Salimos de Koyasan y cogemos un autobús que nos lleva a Hashimoto, desde donde cambiamos al tren, línea Wakayama, para llegar a la parada Wakayama, desde donde nos subimos al Limited Express Kuroshio (importante coger este tren y no el lento) para llegar a Kii Katsuura, nuestra próxima parada.
Nos apetecía visitar la zona del Kumano Kodo y, siguiendo la recomendación de Japonismo, nos decidimos por Kii Katsuura como base desde donde visitaríamos los templos principales (Hongu taisha, Nachi taisha y Hayatama taisha) de este “Camino de Santiago” japonés.
El pueblo es un tranquilo y curioso pueblo pesquero: nos dio la sensación de que, pese a estar habitado, no daba esa sensación, a veces no sabías si los comercios estaban abiertos o no y no vimos algo de ambiente hasta el viernes por la noche. Un buen lugar para pasar unos días relajados.
Kii Katsuura cuenta con la segunda mayor lonja de atún de Japón después del mercado de Tsukiji, así que en nuestra primera noche buscamos dónde poder comer un buen menú a base de atún y las investigaciones por Internet (y de nuevo un post de Japonismo) nos hicieron decidirnos por Katsurogi, donde tomamos un menú completísimo por un precio de 1200 yenes.
Nuestra primera mañana en Kii Katsuura nos levantamos pronto y cogemos un tren para ir a ver el templo de Hayatma taisha, ubicado en la localidad vecina de Shingu. En tren local se tarda 30 minutos y si se coge el express, el trayecto cuesta la mitad de tiempo.
A la vuelta a Kii Katsuura cogimos un autobús (la estación está junto a la estación de tren) para llegar al segundo de los tres templos que queríamos visitar: Nachi taisha, el que resultó ser nuestro preferido. El billete de ida y vuelta tiene un precio especial, 1000 yenes, y puedes subir y bajar en la parada que quieras.
Lo aconsejable para empezar a visitarlo es parar en Daimonzaka, una subida preciosa de escalones de piedra entre imponentes cedros centenarios. Una vez arriba, hay varios templos y monumentos que visitar, incluyendo el templo Seiganto-ji, la pagoda de tres pisos y la catarata Nachi (desde donde, por cierto, cogimos el autobús de vuelta a Kii Katsuura).
El plan para nuestro último día en Kii Katsuura fue visitar Honghu taisha, el más alejado de los tres templos que queríamos visitar. Cogimos un autobús desde Kii Katsuura (solo sale a las 10:10; desde Shingu hay muchas más salidas). Además del templo, no hay que perderse Oyunohara, la torii más grande de Japón, que marca el lugar original donde se emplazaba el templo hasta que fue devastado por una inundación y trasladado al lugar actual. La distancia desde un punto a otro, del templo a la torii, es de apenas un kilómetro.
Esa noche cenamos en el chino que hay junto a Katsuragi, el restaurante Taishokaku, y disfrutamos mucho de los platos.
Para volver a Tokyo desde Kii Katsuura con nuestro JR Pass cogimos el Limited Express Kuroshio hasta Shin-Osaka y de ahí cambiamos al Hikari que nos llevaría de nuevo a la capital nipona. Se puede ir vía Nagoya (de hecho el trayecto es algo más corto) pero nos comentaron que haciéndolo así había un tramo que no estaba cubierto por el JR pass y por eso nos decidimos por la primera opción.

Festival anual de la gyoza de Utsunomiya. Preparando el viaje a Japón, leímos que nuestras fechas coincidían con el festival anual de la gyoza que se celebra en Utsunomiya. Era una visita friki, sí, pero no nos la podíamos perder, así que el 5 de noviembre para allá que nos fuimos. Nuestras preferidas de entre todas las que probamos, por cierto, fueron las de Gyozakan.
Para llegar con el JR Pass, lo ideal es ir en shinkanshen desde Ueno o Tokyo. El trayecto dura poco menos de una hora.

Nikko
Nos levantamos pronto para coger el shinkansen a Utsunomiya y de ahí cambiar a la JR Nikko line para llegar a Nikko. En 2 horas llegamos. Nikko nos encantó, pero más que por los templos (que sí, son preciosos, pero imposibles de disfrutar con la cantidad de gente que los visita), por la ruta que hicimos para visitar el templo Takino y la cascada Shiraito situados al norte de los templos principales y sobre todo la senda del abismo de Kanmangafuchi, un lugar encantador lleno de estatuas de jizo.

Kamakura
Aprovechando nuestro JR pass fuimos a conocer Kamakura. Cogimos el tren en la estación de Tokyo y bajamos en la de Kita-kamakura. Vimos el templo Kecho-ji (el principal de los cinco grandes templos zen de Kamakura), y Jochi-ji y desde ahí iniciamos la ruta del Daibutsu por el bosque que nos llevaría hasta el Gran Buda. En una hora y media yendo tranquilos y parando en bonitos templos como Zeniarai-benten la completamos.
Desde el Gran Buda dimos un paseo hasta la estación de Kamakura recorriendo la calle comercial X y volvimos a Tokyo.

Información práctica
Alojamiento
En Tokyo nos hemos alojado en el Keio Presso Inn Akasaka los primeros días (el hotel esta muy bien, habitaciones pequeñas pero ubicado en una zona con multitud de opciones cerca para cenar) y en el Red Planet Asakusa Tokyo al final del viaje (ubicación, para nosotros, genial, a 20 minutos andando o una parada en metro de Ueno, y a escasos minutos de Senso-ji).
En Kyoto escogimos el hotel Sakura Terrace, a unos cinco minutos andando de la estación y pegado a la parada de metro Kujo. El hotel está muy bien, tiene servicio de café y té gratis para los clientes durante casi todo el día, la única pega, que para cenar no hay muchas opciones alrededor a no ser que llegues hasta la estación.
En Osaka dormimos en el hotel Vessel Inn Shinsaibashi. Súper recomendable, pegado a una de las salidas de metro de la parada Shinsaibashi y a un paseo de America Mura y Dotonbori.
En Kii Katsuura elegimos el hotel Charmant, fue el que más nos convenció de los que vimos por Internet. La amabilidad de su propietaria, al igual que su ubicación, a un minuto de la estación y un minuto del puerto, es inmejorable, si bien el hotel es bastante viejecito y necesita una puesta a punto.

Transporte
Nos hicimos con el JR Pass para 14 días ya que queríamos movernos bastante en tren durante nuestro viaje. El pase es comodísimo, en las estaciones lo enseñas y no tienes que hacer cola para pasar por los tornos, además, como en Hyperdia puedes consultar el precio de cada trayecto, puedes calcular si desde el punto de vista económico te vale la pena o no comprar el pase. Hyperdia, además, resulta una herramienta imprescindible para organizar tus desplazamientos en tren: en ella puedes consultar los horarios exactos de los trenes y además tienes la información del nombre de la línea y de la plataforma desde la que parte el tren.
Cuando compras el JR Pass recibes un sobre con los bonos que debes cambiar por tu pase en las oficinas que hay habilitadas para ello en las estaciones principales e incluso en el aeropuerto. Hay que tener en cuenta que, según informa el dossier que recibes, el pase se debe activar un día antes de empezar a utilizarlo.
Para ir y volver del aeropuerto cogimos la línea Keisei desde Ueno. Precio: 1030 yenes, Duración: 1h y 10 minutos de Ueno a Narita.
Para utilizar el metro en Tokyo nos hicimos con una Pasmo, una tarjeta recargable comodísima ya que te evita tener que parar en la máquina cada vez que vas a coger el metro para sacar el billete. Al sacarla, pagas una fianza de 500 yenes que te reembolsan cuando devuelves la tarjeta en la oficina de la estación al finalizar tu estancia en Tokyo.

Gastronomía
Apunte para los golosos: no puedes volver de Japón sin haber probado el taiyaki de anko (un dulce con forma de pez relleno de pasta de judía roja dulce).
Un plan por si llueve en Kyoto (o aunque no llueva si te gusta descubrir los productos que venden los supermercados locales): recorrer la zona de alimentación del centro comercial Daimaru y prepararse para salivar…
Apuntamos, para no olvidarlo, lo bien que cenamos en Tiger Gyoza Hall frente a nuestro hotel en Asakusa, Tokyo, y la encantadora cafetería especializada en taiyakis que descubrimos en el barrio: Asakusa Naniwaya.

Documentación
Mención especial merece el blog Japonismo, una fuente completísima y fiable de información sobre mil y un aspectos que pueden ayudar (a nosotros nos sirvió muchísimo) para planificar nuestro viaje a Japón.
Para información detallada sobre las posibles rutas, opciones de alojamiento y demás aspectos interesantes del Kumano Kodo, se puede visitar su página oficial.

7 may. 2017

Copenhague

Nuestra visita de cuatro días a Copenhague nos ha servido para descubrir una ciudad con rincones preciosos como el canal Nyhavn o el parque de Friederiksberg, lugares únicos como Christiania o barrios tan interesantes como Norreport. ¿El secreto para sobrellevar las largas caminatas? Los smorrebrod de Aamanns, las magdalenas de ruibarbo de Lagkagehuset y los puestos de comida callejera de Papiroen.





Como nos alojamos en un apartamento en Friederiksberg, al llegar al aeropuerto de Copenhague cogimos el metro (36 DKK por persona) y en 20 minutos llegamos a nuestro destino. Para llegar a la zona de la estación central conviene coger el S-tog (tren de cercanías).

A continuación enumeramos cuáles han sido nuestros puntos preferidos de cada una de las zonas que hemos visitado sabiendo que se nos quedan lugares atractivos por conocer pero contentos por haber exprimido bien estos cuatro días en la capital de Dinamarca.



Nyhavn, un canal precioso bordeado de casa de colores que puede visitarse en un ambiente tranquilo entre semana o bastante más animado el fin de semana.
Paseando desde el canal se puede llegar al Designmuseum Danmark, a la plaza Amalienborg (para ver a las 12h. el cambio de guardia), al Kastellet (una fortaleza en forma de estrella del siglo XVIII) y a la famosa Sirenita.




Christiania, la comuna más famosa de Europa. Lo ideal es recorrerla saliéndose de la calle principal para empaparse bien del ambiente. Lo que más nos gustó, pasear por Dyssen, un camino paralelo a Christiania que discurre junto al agua rodeado de árboles y salpicado de casas de cuento.
Si se llega hasta la zona, recomendamos subir los 400 escalones de la torre de la Vor Freslers Kirke (40 DKK) y, eso sin falta, comer en el Copenhagen Street Food de Papiroen.




Tívoli, el segundo parque de atracciones más antiguo del mundo, un lugar de estética retro al que se puede acceder simplemente a pasear sin subir a ninguna de las atracciones comprando un ticket de 110 DKK.

Norrebro. Una de las mañanas del viaje la iniciamos recorriendo el barrio de Norrebro en busca de sus populares grafitis, el BaNanna Park, el bonito cementerio Assitens Kirkegard y el fotogénico parque Superkilen. Una zona que nos gustó mucho.



Osterbro, callejeamos el barrio hasta dar con Olufsvej, una bonita calle con casitas de colores que, según cuenta la Lonely Planet, pertenecen a periodistas de renombre. Aprovechamos para entrar en Normann Copenhagen, repleto de objetos de diseño en un atractivo edificio que antaño fue un cine.



Norreport
Lo que más nos gustó de la zona, el Botanisk Have, que recoge la mayor colección de plantas de Dinamarca. Tampoco hay que perderse el mercado de Torvehallerne KHB, con puestos para comprar pero también para comer o darse un capricho dulce.

Vestrebro
De este barrio (con callecitas encantadoras como Vaernedamsvej) nos quedamos con el cementerio, Vestre Kirkegard, y sus preciosas calles arboladas; y con la zona de Kodbyen, un poligno industrial lleno de bares y restaurantes.



Strogret, el corazón histórico de la ciudad, una zona peatonal llena de tiendas y cafeterías por las que dar un animado paseo, visitando algunas tiendas como Illums Bolighus o Hay House o probando la tarta más popular de la pastelería La Glace, la más antigua de la ciudad: la sportskage de turrón, nata y profiteroles (57DKK la porción).



Slotsholmen. La zona del palacio parlamentario, del edificio de la Bolsa con su pináculo en forma de colas de dragón entrelazadas, y de la biblioteca (la más grande de Escandinavia, preciosa, por cierto, por dentro y por fuera).



Friederiksberg. Aprovechamos el sábado para recorrer el barrio en el que nos hospedamos para comprobar cómo los daneses disfrutan comprando en los mercadillos de segunda mano (Loppertorv, en Smallegade) y para recorrer uno de los parques que más nos ha gustado de todos los que hemos visto por el mundo, el Frederiksberg Have.



Gastronomía

En Copenhague hay muchísimas opciones interesantes para comer y conocer la nueva cocina nórdica o los platos clásicos de la gastronomía danesa, en cualquier guía y en las revistas de viajes hay decenas de listas que recomiendan qué restaurantes visitar. 

En nuestro caso nos decantamos por opciones más sencillas y bocados rápidos que nos dieran energía para recorrer la ciudad a pie. ¿Nuestros preferidos? Coco's & Cows, en Gammel Stand 34, unas hamburguesas riquísimas y unos aros de cebolla igual de buenos para acompañarlas. Los puestos de comida callejeros del Copenhagen Street Food de Papiroen (en la isla de Christiansholm, conectada a Christianshavn por un puente). Lagkagehuset, para disfrutar de un tierno rollo de canela o una riquísima magdalena de ruibarbo. E, imprescindible, el smorrebrod de Aamanns Takeaway, en el número 10 de Oster Farimagsgade, en especial el de tartar de lomo de ternera, para comerse 10 seguidos, vaya.




19 jun. 2016

Nueva York II

En nuestra segunda visita a Nueva York, hemos andado sin descanso para recorrer algunas de las zonas y barrios de esta atractiva ciudad: Midtown, Chelsea, Flatiron District, Chinatown, Brooklyn, Williamsburg, Coney Island… Entre paseo y paseo, hemos buscado las mejores hamburguesas, pizzas, cronuts, perritos y otras sabrosas bombas calóricas para ir reponiendo fuerzas y nos hemos sorprendido con los eventos con los que hemos coincidido en la Gran Manzana.
En nuestro anterior viaje a NY visitamos los principales museos de la ciudad y algunos de sus puntos atractivos más populares. En esta ocasión, el objetivo fue diferente: pasear, pasear y pasear para ir descubriendo, por ejemplo, que recorrer la Highline (antigua vía de tren elevada reconvertida en parque) puede ser un plan genial para comenzar el día, que los apasionados del ajedrez tienen una cita obligatoria en el Washintong Square Park, o por qué la librería Strand aparece siempre en las listas de paradas imprescindibles.

Así que esta vez, este post no será un resumen cronológico estricto de nuestro día a día, sino más bien una enumeración de zonas, calles, restaurantes o comercios que llamaron nuestra atención y que recomendaríamos a cualquier amigo que nos consultara. ¡Buen viaje a Nueva York!
Si en vuestro viaje podéis conseguir pasar el fin de semana en NY, no os arrepentiréis. Hay mercados de antigüedades, de comida y otras actividades y eventos por los que vale la pena coincidir. Nuestro sábado, por ejemplo, comenzó con la visita al Chelsea Market, un precioso edificio que tiempo atrás funcionó como fábrica de galletas y que hoy acoge un conjunto de tiendas de diseño, moda y alimentación chulísimas. 
De ahí fuimos a ver qué ofrecían los puestos de productos orgánicos y agricultura ecológica del Union Square Greenmarket, el mercado agrícola más popular de NY.
Ese fin de semana en concreto coincidió que se celebraba en Madison Square park la convención anual Big Apple Barbecue, así que, aprovechamos para probar la carne que estaban preparando algunos de los mejores maestros de la barbacoa del país.
Aprovechando la zona en la que estábamos, fuimos directos a Eataly, una gigantesca tienda de productos de alimentación italianos y, para acabar de llenarnos el estómago, nos dirigimos a Smorgasburg, la zona de comida del Brooklyn Flea en Williamsburg, el barrio de moda.
Después de comer, recorrimos a pie la avenida Bedford, y nos sumergimos en un viaje en el tiempo. Atravesar el barrio judío de Brooklyn un sábado es especial. A continuación cruzamos el puente hacia Manhattan poniendo el punto final a un día lleno de sabores y sensaciones inolvidables.
El domingo empezamos la mañana yendo a Central Park, nos acercamos al mercado de antigüedades de la Avenida Columbus con la 77 y aprovechamos para visitar Zabar´s (parada obligatoria para foodies).
Coincidió que se celebraba ese día el desfile del Día Puerto Rico, un evento que cuenta con más de medio siglo de tradición y que reúne a miles de personas entre las cales 44 y 86 de la 5ª avenida. ¡Menudo ambiente! Fue una suerte poder vivirlo en primera persona.

A mediodía cogimos el metro y en una hora llegamos a Coney Island. Para comer, lo teníamos claro, queríamos probar los perritos de Nathan´s Famous. Tras la parada, recorrimos las atracciones del famoso Luna Park y el paseo marítimo frente a la playa. Decir que la zona estaba ambientada sería quedarnos cortos…

De entre todas las visitas que hicimos el resto de días, podríamos destacar, por ejemplo, el Brooklyn bridge park (desde donde se pueden divisar unas magníficas vistas del sur de Manhattan y del puente de Brooklyn); el puente de Brooklyn (cruzarlo hacia Manhattan); los estanques construidos en la Zona Cero donde antaño se erguían las torres gemelas (un monumento sobrio e impactante por su significado); la zona de South Street Seaport nos encantó por sus tiendas, sus calles adoquinadas y su ambiente); Chinatown; la estación Grand Central...

Indicamos a continuación algunas de las tiendas a las que entramos y que, para nosotros, sin duda merecen una visita.
Philip Williams Posters. Una tienda de posters espectacular. Hay más de medio millón de posters deportivos, de temática publicitaria, sobre cine, de viajes, etc. La tienda, cercana a la zona de Wall Street, bien merece una vista. 112 de Chambers Street.
Obscura Antiques. Una tienda esotérica, muy curiosa y que ha protagonizado incluso un programa en televisión. 207 Avenue A (entre la calle 12 y la 13).
En cuanto a la oferta gastronómica, decir que es imposible probar la espectacular oferta que posee la ciudad, pero a continuación enumeraremos algunos de los bocados típicos que no hay que perderse:
Nuestra primera noche cenamos en un clásico, Carnegie Deli, pedimos un Carnegie Deli hot pastrami, sándwich de pastrami, por supuesto. 854 de la 7ª avenida. Y el último día volvimos a saborear el pastrami, esta vez, en Katz’s Delicatessen, ¡no podíamos volver sin probarlo!
La pizza de Joe’s pizza.
Burger & lobster, un restaurante muy bonito con tres opciones para escoger: hamburguesa, rollo de langosta (riquísimo) o langosta.
Cronut de Dominique Ansel. Queríamos probar este híbrido entre croissant y donut en el lugar donde nació, así que hicimos algo de cola y pudimos probarlo.
Tacos Morelos. En la agradable zona de St Marks Place, este local pequeño y cutre sirve unos tacos bien cargados y muy ricos. (Imposible olvidar el sabor de la cochinita pibil o de los tacos al pastor…)
Cheesecake de Junior’s. Fuimos al puesto de la Grand Central pero estaba cerrado, así que cambiamos la ruta y paramos en la tienda cercana a Times Square. La tarta de queso es suave, consistente, y está realmente buena.
Cerca del hotel descubrimos un tailandés, Obao, con unos calamares picantes riquísimos.
Una comida obligatoria, P. J. Clarke´s, una de las que se afirma está sin duda entre las mejores hamburguesas de NY. (44 de la calle 63, frente a Lincoln Center).
¿Otro bocado interesante? Los knishes de patata de la mítica Yonah Schimmel, en el 137 de la calle Houston.
Si hay que escoger un donut, tal vez uno de los mejores sea el de Doughnut Plant. 220 de la calle 23, entre la 7ª y la 8º avenidas.

Notas

Durante nuestra visita, nos hemos alojado en el hotel Yotel, en la 10 avenida, entre la calle 41 y 42. Un hotel moderno con una recepción peculiar: el check in lo haces tú mismo en un ordenador y el servicio de custodia de equipajes por si el día de salida necesitas dejar las maletas unas horas está robotizado. Además, el hotel cuenta con un agradable terraza para desayunar o cenar. Las habitaciones no son muy grandes pero el espacio está muy bien aprovechado. Para nosotros, una opción realmente recomendable.

Para llegar desde el aeropuerto JFK al centro de la ciudad, cogimos el air train (5 $) hasta Jamaica Center y de ahí la línea que nos interesaba para llegar al hotel.

Para visitar NY, es necesario rellenar por Internet, con al menos 72 horas de antelación a la llegada, el formulario ESTA (tasa, 14$).